Esta tercera visita a la íntima morada nos lle-va de la mano a subirnos a la barca de Caronte. ¿Qué sonidos podrán escucharse durante el trayecto? Tal vez debieran ser sonidos bajos, metálicos. ¿Qué imágenes debieran venir a nuestra mente? Tal vez alguna alegoría de la parca provista de Guadiana o de plano una transfiguración de nosotros mismos a meros restos, cadáveres dispuestos a ser carcomidos por gusanos. ¿Seremos luego capaces de vernos fallecidos? Supongo eso es imposible, pues siempre que recreemos un sitio donde estemos, estaremos y por tanto tendremos alguna forma de existencia, así juguemos a que estamos muertos. Por eso es usual que cuando alguien nos pregunta si no morimos solos hace mucho tiempo, la única respuesta que encontramos es que no, que no somos el muerto. Jamás hemos de ser el muerto. Por ende, la reflexión que podemos hacer sobre las ocurrencias tras de habernos precipitado al averno solamente son viables si asumimos que somos un espectro. Si aceptamos ser una figura irreal, imaginaria, entonces podremos referir las vivencias de un no-ser posterior al deceso, puesto que sólo a los fantasmas les es dado que tenga presencia sin existencia, que estén allí aunque no puedan estar, que vean y cuenten aunque no puedan mirar ni hablar, que escriban con rasguños en paredes las historias que ocurran después de que su tiempo haya acabado. Como trasgo, su deambular hará que los vivientes pierdan sus objetos caros. Y si llega a volverse tardo, entonces podrá hacer daño a sus dolientes, siempre y cuando estos no opten por dejarle un cuenco con granos de maíz para que por curioso los cuente una y otra vez hasta que llegue ese amanecer en que probablemente habrá desaparecido; aunque es factible que solamente haya migrado a Casitérides hasta la noche siguiente, buscando estaño como los duendes clásicos van tras su vasija de oro, sabiendo que esos geniecillos requerirán de su metal plateado para recubrir y ocultar el contenido áureo de su preciada olla. Cosas del mercado: cada ser travieso puede toparse con alguien más malévolo que gane la baza. Empero, el sentimiento nostálgico quedará, cualquiera que sea la forma que el espectro adquiera y cualquiera su lugar en el orden de los seres mágicos que habitan por la noche, pues la melancolía es lúgubre temperamento del que no escapa nadie, vivo o muerto.
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Esta tercera visita a la íntima morada nos lle-va de la mano a subirnos a la barca de Caronte. ¿Qué sonidos podrán escucharse durante el trayecto? Tal vez debieran ser sonidos bajos, metálicos. ¿Qué imágenes debieran venir a nuestra mente? Tal vez alguna alegoría de la parca provista de Guadiana o de plano una transfiguración de nosotros mismos a meros restos, cadáveres dispuestos a ser carcomidos por gusanos. ¿Seremos luego capaces de vernos fallecidos? Supongo eso es imposible, pues siempre que recreemos un sitio donde estemos, estaremos y por tanto tendremos alguna forma de existencia, así juguemos a que estamos muertos. Por eso es usual que cuando alguien nos pregunta si no morimos solos hace mucho tiempo, la única respuesta que encontramos es que no, que no somos el muerto. Jamás hemos de ser el muerto. Por ende, la reflexión que podemos hacer sobre las ocurrencias tras de habernos precipitado al averno solamente son viables si asumimos que somos un espectro. Si aceptamos ser una figura irreal, imaginaria, entonces podremos referir las vivencias de un no-ser posterior al deceso, puesto que sólo a los fantasmas les es dado que tenga presencia sin existencia, que estén allí aunque no puedan estar, que vean y cuenten aunque no puedan mirar ni hablar, que escriban con rasguños en paredes las historias que ocurran después de que su tiempo haya acabado. Como trasgo, su deambular hará que los vivientes pierdan sus objetos caros. Y si llega a volverse tardo, entonces podrá hacer daño a sus dolientes, siempre y cuando estos no opten por dejarle un cuenco con granos de maíz para que por curioso los cuente una y otra vez hasta que llegue ese amanecer en que probablemente habrá desaparecido; aunque es factible que solamente haya migrado a Casitérides hasta la noche siguiente, buscando estaño como los duendes clásicos van tras su vasija de oro, sabiendo que esos geniecillos requerirán de su metal plateado para recubrir y ocultar el contenido áureo de su preciada olla. Cosas del mercado: cada ser travieso puede toparse con alguien más malévolo que gane la baza. Empero, el sentimiento nostálgico quedará, cualquiera que sea la forma que el espectro adquiera y cualquiera su lugar en el orden de los seres mágicos que habitan por la noche, pues la melancolía es lúgubre temperamento del que no escapa nadie, vivo o muerto.
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Vendeur : Revaluation Books, Exeter, Royaume-Uni
Paperback. Etat : Brand New. In Stock. N° de réf. du vendeur zk1976821096
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