Synopsis
El lenguaje ha sido objeto de la reflexión filosófica desde los orígenes de la filosofía y sigue generando controversia e interés en la actualidad. El presente volumen reúne trabajos que bucean en la historia de la filosofía del lenguaje, exploran su relación con la filosofía analítica, presentan críticamente las aportaciones algunas de sus principales figuras y analizan muchos de los problemas que la convierten en una de las disciplinas filosóficas más apasionantes
Revue de presse
Carlos Yebra López (New York University) Daimon. Revista Internacional de Filosofía, nº 64, 2015 http://dx.doi.org/10.6018/daimon/198571 Desde comienzos del pasado siglo, el lenguaje ha ocupado un lugar preponderante en el panorama filosófico mundial, siendo su influencia particularmente acuciante en el marco más general de la filosofía analítica, de cuño anglosajón. De acuerdo con este movimiento, gran parte de los problemas filosóficos se solucionarían/disolverían mediante el análisis del lenguaje, el cual constituiría el método filosófico por excelencia. En este sentido, la obra Perspectivas en la Filosofía del Lenguaje, aspira a ser tanto una toma de pulso en cuanto al estado actual de la filosofía del lenguaje (i.e., elárea que se ocupa de los problemas del significado y la representación lingüística con el objeto de esclarecer la relación entrelenguaje, mente y mundo) en nuestro país como una contribución crítica a los principales tópicos de la misma a nivel nacional e internacional. En concreto, Perspectivas en la Filosofía del Lenguaje gira en torno a los desarrollos contemporáneos a propósito del paradigma representacional del significado (centrado en relación entre las palabras y los objetos de los que hablamos al utilizarlas), en detrimento de derroteros como el formalista (como se advierte en el prólogo) o el materialista (no mencionado). En este sentido,entre los principales autores abordados destacan las figuras de Frege, Wittgenstein, Kripke y Grice. Los tres primeros capítulos de la obra son marcadamente ambiciosos en su propuesta.Así, en el capítulo primero, La historia de la Filosofía del lenguaje. Ya Platón, en el Crátilo, A.M. Liz aspira a disculpar a la Filosofía del Lenguaje de su usual ahistoricismo, retrotrayendo sus orígenes a la obra de un Platón en tanto que filósofo del lenguaje avant la lettre. A continuación, C. Corredor, a través de su artículo Las tradiciones continental y analítica en Filosofía: algunos puntos de encuentro y desencuentro, trata de flexibilizar la férrea unión entre filosofía del lenguaje y tradición analítica, ensayando en su lugar un meritorio diálogo entre esta última y la tradición continental apropósito de los pares Frege-Husserl, sobre sentido referencia y Gadamer-Davidson acerca del lenguaje y el método de interpretación. En el capítulo tercero, Grice y la crisis de la filosofía analítica clásica, J.J. Acero aborda una posible mutación de la filosofía analítica luego de las propuestas más clásicas de Frege, Russell y Wittgenstein, y ello sobre la hipótesis de que, tras este período, la pregunta acerca de qué sea el significado habría sido trivializada y naturalizada, pasando así del dominio de la filosofía al de la ciencia. A partir de este punto y hasta el ecuador de la presente obra, los capítulos no harán sino atestiguar la enorme influencia de Frege ya no solo en la filosofía analítica clásica (por utilizar la etiqueta de Carpintero), sino en la filosofía del lenguaje tout court. Así lo confirman tanto los artículos IV-VIII a propósito del problema de la referencia como el excelente artículo IX acerca de Dummett, brillante exégeta del trabajo producido por...Frege. De este modo, el cuarto capítulo (La revisión wittgensteiniana del análisis fregeano de los enunciados de igualdad, por M. Cerezo) gira en torno a la tesis de que la proximidad exhibida por el Wittgenstein tractariano con respecto de las tesis de Frege y Russell, lejos de hacer del filósofo austríaco un mero re-elaborador de las concepciones de aquellos, entraña una transformación decisiva, la cual se erige sobre tesis como la de la multiplicidad de lenguajes traducibles entre sí o la postulación de que los nombres solo tienen referencia y las proposiciones carecen de ella, y a veces éstas ni siquiera tienen sentido. El quinto capítulo lo firma L. Fernández Moreno y se titula Tres referencias de la teoría lingüística: Locke, Kripke y Putnam. El mismo gira en torno a las cuestiones semánticas suscitadas por la referencia de los términos de género natural tal y como esta es analizada en las teorías de Locke, Kripke y Putnam. El sexto ensayo, a cargo de I.Vicario, lleva por título Millianismo Híbrido y rescata la teoría ingenua de Stuart Mill a propósito de la referencia de los términos singulares, al tiempo que evalúa el modo en que un millianismo híbrido resultante de la combinación entre el enfoque milliano del contenido semántico y los modos de presentación propios de las concepciones descriptivistas de corte fregeano puede lidiar con aspectos cognitivos del lenguaje tales que el problema del valor cognitivo y el de las oraciones de atribución de creencia. En el capítulo séptimo, M. García Carpintero cierra el bloque de artículos dedicados al problema de la referencia, y lo hace sirviéndose del modo en que los nombres propios y deícticos operan en el ámbito de la ficción para así preconizar una teoría fregeana de la refencia a salvo de las críticas kripkeanas al descriptivismo fregeano. El capítulo noveno,escrito por M.P. Azcárate, continua la senda fregeana de los anteriores a propósito del recientemente fallecido M. Dummett. Así, en Michael Dummett: realismo, significado y verdad la autora analiza la naturaleza de un antirrealismo semántico dummettiano que aboga por la revisión del concepto realista de verdad como base sobre la cual erigir una nueva teoría del significado al margen de la metafísica que prescinda de la idealización de las capacidades cognitivas de los sujetos. El capítulo décimo, cuya autoría la debemos a L. Valdés, inaugura una bloque de contribuciones de marcado espíritu post-Fregeano que se alejan de la concepción representacionalista del lenguaje, y lo hace afrontando de manera solvente el apasionante tratamiento que la noción de gramática recibe por parte de Wittgenstein (mientras que el primer Wittgenstein, más próximo a Frege, se ocuparía de la gramática del lenguaje en tanto que disfraz de la forma lógica del mismo, para el segundo, de vocación más pragmática, la gramática del lenguaje comprende el conjunto de reglas que lo constituyen). Así, la estrecha relación entre semántica y pragmática encontrará su defensor más acérrimo en la figura de J.Austin, la cual es abordada por A. Blanco en su artículo John Austin. El Estudio del Acto de Habla en la Situación de Habla Total, mostrando el modo en que un enfoque holista puede (y debe) complementar el enfoque teórico tradicional frente a lo semántico-lingüístico. H.P. Grice es todo un experto en estas lides y sobre su obra versa el capítulo duodécimo, firmado por J.J. Colomina y titulado Convencionalidad, Intencionalidad y Significado: las teorías del significado de Grice y Searle, en el que se afirma, atendiendo a las teorías de ambos autores, que la diferencia entre los usos lógico y ordinario del lenguaje no estriba tanto en el significado (lo que se dice) cuanto en la implicatura (intencionalidad del hablante), al tiempo que se subraya el matiz convencionalista de la teoría de Searle con respecto a la de Grice. Es precisamente en el marco del análisis de una de las derivaciones contextualistas de este último autor que debemos interpretar el aporte de M.J. Frápoli y N. Villanueva F. Recanati: contextualismo y Pragmática de las Condiciones de Verdad, en el que se reitera la distinción griceana entre lo que se dice y lo que se implicatura para, a continuación, exponer las principales aristas del pensamiento del filósofo francés. Posteriormente, El significado metafórico: un reto para las teorías del significado, redactado por E. Romero y B.Soria en tanto que capítulo número catorce del presente volumen, tiene de nuevo como trasfondo la mentada distinción, la cual es aprovechada por las autoras para abordar de manera solvente el controvertido tema de lo metafórico, ligándolo al significado del hablante y afirmando que a través de la metáfora los contenidos metafóricos son representados, si bien no literalmente, sí directamente (siendo precisamente este el sentido genuino de su carácter metafórico). En este punto la temática de Perspectivas en la Filosofía del Lenguaje regresa de manera un tanto desconcertante al análisis del segundo Wittgenstein a propósito de sus implicaciones metafilosóficas. Así, en ¿A qué juegan estos?, J. Vilanova aborda las objeciones wittgenstenianas a la posibilidad de una filosofía a la que Horwich (2012) se ha referido recientemente como ‘T-philosophy’ (donde la T refiere tanto a ‘tradicional’ y ‘teórica’), y lo hace inspirándose en la discusión entre escepticismo y realismo a propósito de la obra Sobre la Certeza y haciendo justicia tanto a la figura del filósofo austríaco como a la disciplina filosófica como tal. El último acto de esta obra, el cual lleva por título Frege, Sellars, Brandom: expresivismo e inferencialismo semántico representa el grado máximo de alejamiento con respecto de la antedicha tendencia representacionalista,movimiento que M.J. Frápoli y N. Villanueva llevan a cabo mediante el análisis del expresivismo y el inferencialismo en tanto que alternativas frente a aquella compatibles con una versión deflacionista de la teoría de la verdad como correspondencia, mostrando así que la supuesta incongruencia entre el discurso acerca de la verdad, por un lado, y la perspectiva representacionalista, por otro, es, al fin y al cabo, contingente. En conclusión, podría afirmarse que con la discusión crítico-divulgativa que ofrece Perspectivas en la Filosofía del Lenguaje a propósito de las citados autores y posiciones teóricas, David Pérez Chico ofrece en esta obra el retorno de una Filosofía del Lenguaje más madura, consciente, no sin cierto aire de familia wittgensteiniano, de la ingenuidad de gran parte de sus propuestas de juventud durante el vigésimo siglo de nuestra era y dispuesta a hacer propósito de enmienda ahondando, en una muestra de orgullosa honestidad, en los motivos de la crisis de su versión clásica, y ello a través de pasajes e incluso capítulos enteros a los que el lector aficionado querrá volver con insistencia y que el investigador riguroso difícilmente pueda permitirse dejar escapar, pues, como señala Vilanova «la filosofía es un juego de lenguaje más que pertenece a nuestro marco lingüístico, y han sido (o somos) los creadores de dichos marcos lingüísticos los que hemos introducido este peculiar juego que consiste en poner en cuestión los otros juegos y hasta a sí mismo. No sé si esta función crítica es buena o no (no sé ni tan siquiera si tales palabras caben aquí), lo único que sé es que forman parte de nuestro lenguaje, de nuestra manera de ser, de nuestra forma de vida».
Les informations fournies dans la section « A propos du livre » peuvent faire référence à une autre édition de ce titre.